JUEGO PERVERSO
El
mundo estaba en llamas
y nadie podía salvarnos más que la verdad.
Pero la verdad llegó cansada,
con la voz gastada de tanto gritar en el desierto.
(Adaptación de la canción de…) Chris Isaak
Por María Belén Minué(Para el Profe Silvio Torres)
Juego Perverso, la canción de Chris Isaak, deja de ser solo una canción de amor.
creer que alcanza con amar la patria, con escribir libros, con dar clases,
con sostener la historia con las manos desnudas.
Nunca soñamos que íbamos a amar así a la memoria.
Y nunca soñamos que íbamos a perderla de esta manera.
Qué juego perverso nos hicieron jugar:
Hacernos creer que la historia importaba, que los relatos valían, que los libros podían contra la maquinaria.
Silvio lo dijo como quien confiesa una derrota que duele: -“Ganaron ellos”. Los otros.
Los que no aman la patria.
Los de la batalla cultural nos hemos rendido un poco, no por falta de convicción,
sino porque los otros tienen los medios, los recursos, los actores.
Duele decirlo:
Los malos no solo mataron personas, mataron la historia, los relatos, los libros.
Nos dejaron huérfanos de palabras.
Y mientras tanto, la peste avanzó.
La enfermedad entró en el cuerpo, en la mente, en el cansancio acumulado de años de lucha.
Así como Silvio dedicó su vida a transmitir la verdad, hoy, aun cansado, aun enfermo,
trata de seguir dando batalla.
Como en ese amor que uno no quiere pero no puede soltar, la memoria insiste,
aunque el mundo repita que enamorarse de la verdad solo va a romper el corazón.
Qué juego perverso este:
Amar la patria cuando la patria parece no amar a nadie.
Soñar con justicia cuando nos dicen, una y otra vez, que nadie ama a nadie.
Qué juego perverso
este:
Amar la patria
mientras la vacían, defender la memoria mientras la ridiculizan, seguir
hablando cuando el ruido lo compraron otros.
No perdimos porque
mentimos.
Perdimos porque
ellos hicieron de la mentira un sistema, del odio una política, del olvido un
negocio rentable.
Ganaron los que no
aman la patria, porque la patria —para ellos— es un mercado.
Ganaron los que
llaman batalla cultural a quemar libros sin fuego
y a matar la
historia sin balas.
Y aun así, cuando
el cuerpo ya no alcanza y la mente se cansa, hay compañeros como Silvio que
siguen.
No porque crean que
van a ganar, sino porque rendirse sería aceptar que nadie ama a nadie.
Ese es el verdadero
juego perverso:
Hacernos creer que
no vale la pena luchar.
Y si algo todavía
nos mantiene de pie, es esta certeza incómoda:
Aunque ellos tengan
los medios, los recursos y los actores, la verdad —tarde, cansada, herida—
sigue siendo
peligrosa.
María Belén Minué
La Rioja
24-01-26



Excelente reflexión pero...aún no nos han vencido.
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