DOS PAÍSES QUE VIVEN, UNO DENTRO DE OTRO.
A MEDIO SIGLO DEL GOLPE DE ESTADO MÁS SANGRIENTO Y LA DICTADURA MÁS DEVASTADORA DE LA HISTORIA ARGENTINA, LA OPCIÓN SIGUE SIENDO DE GUERRA:
“LIBERACIÓN O DEPENDENCIA”
Algo difícil de comprender resulta
aquello de que en la Argentina conviven dos países diametralmente opuestos.
Perfectamente delimitados Y no son dos países divididos por una suerte de
frontera Norte-Sur o Este y Oeste. Son dos países que viven uno dentro del
otro, casi desde antes en que nos constituyéramos como Nación. Y sus habitantes
solo tienen en común el habitar un mismo territorio y hablar una misma lengua.
Todo lo demás es diferente. Su concepción de la política, de la vida de la cultura. Uno es un país de una minoría
dominante. El otro el de las mayorías sometidas. Uno, es un país minúsculo y
dependiente. El otro es una gran comunidad constituida como Nación.
Y estos dos países no son una entelequia
imaginada. Más bien la entelequia es el otro país: el que desde siempre esas
minorías nos quisieron vender como único. Porque rastreando nuestra historia
superficialmente, vemos emerger dos estilos enfrentados, que no son solo dos
proyectos de país, sino en realidad dos países que se superponen y enfrentan.
Cada uno de ellos tiene un modo de expresión política: el país dependiente optó
necesariamente por el gobierno de las minorías oligárquicas que, como tales,
debieron ser aliadas naturales de los imperialismos de turno para poder
mantenerse en el poder. Fueron las que hicieron del fraude y la corrupción una
metodología política. Y las que plasmaron una forma constitucional que las
consolidó en el poder: la Constitución liberal de 1853. Esas minorías
encerradas en la mentira, son las que se auto titularon depositarias de la
“democracia” y de la “libertad”
El otro país, el de las mayorías, en
oposición, desde el poder gobernó para el pueblo, no la “gente”. Y apostó a un
destino de grandeza, abierto al mundo, interpretando la voluntad popular de una
Argentina justa, libre y soberana. Este país también tuvo su Constitución
Nacional, la de 1949, que nacida de la democracia fue derogada por decreto de
los “libertadores”.
Uno y otro país tuvieron también una
actitud definida ante el derecho de la vida. El dependiente optó por la muerte.
Porque necesitó de muerte y represión para mantenerse contra la voluntad de las
mayorías populares en el poder. Una cíclica historia de fusilamientos y
crímenes, de masacres y desparecidos, jalona el gobierno de las minorías anti
populares. En oposición las mayorías no necesitaron de la muerte y eligieron la
vida. La manifestación popular y la alegría. Porque el gran país necesitaba de
todos sus hombres para alcanzar una comunidad organizada y su destino de
grandeza.
En la economía, las diferencias entre las
concepciones y la práctica de estos dos países que viven superpuestos fueron
abismales. Los que son alimentados por los imperialismos, forjaron la
dependencia como única herramienta de dominación. Destruyendo la economía
regional del país y al país mismo. Y en el reparto internacional nos dejaron el
rol de proveedores de materias primas – su feudo – para enriquecimiento de las
metrópolis y para nuestra paulatina pauperización. Las minorías, en el mejor de
los casos, hicieron de intermediarias para sumir al pueblo argentino – el otro
país – en la miseria, el hambre y la desocupación.
Y en esta Argentina dividida entre el país
sometido de la oligarquía y el imperialismo y la Nación soberana que construye
el pueblo, la cultura jugó un papel decisivo.
Los que ganaron parcialmente la guerra,
hablemos de la batalla de Caseros en adelante, se reservaron el derecho de
escribir la historia y de digitar al cultura. Y se tomaron la precaución como
parte de un plan perfectamente definido de despojar a la cultura de todo
contenido “político”. Cómo hicieron de la “cultura” (recortada y deformada) un
patrimonio de ellos, la vendieron como pura y aislada, tanto como vacía de
democracia está la “democracia” que pregonan, A fines del siglo anterior,
cuando tuvieron todo el poder, tuvieron también la lucidez de reescribir el
pasado, imaginar su presente, y proyectar su futuro que se prolongaría durante
un siglo. Tuvieron la herramienta y supieron usarla. Porque, despojando de todo
contenido político a la cultura, hicieron de ella un instrumento fundante de la
dependencia. Y después de construir el edificio sobre todas las falacias
imaginables, cerraron la puerta. Y desde allí, exclusivamente desde allí,
quisieron hacer creer que Argentina había una sola: la de ellos.
La historia de la dependencia cultural tiene
un inicio con nombre y apellido: el de Bernardino González Rivadavia. El fue el
gran mentor de la dependencia integral. Sus sucesores solo repetirían y
perfeccionarían lo hecho por él. Se nombró presidente de un país de diez
manzanas y dictó leyes para el otro país, el de millones de kilómetros
cuadrados. Vendió el subsuelo y suelo de la Patria. Reprimió cuando se le
opusieron. Y con genialidad vislumbró que la cultura era la gran llave. Se puso
de espaldas al país y puso sus ojos en las luces de Europa. Como puede verse
desde estas dos argentinas de hoy, todo un precursor. Y fundó la “cultura” de
las minorías y paniaguó a un círculo áulico. Borrando del mapa un cuarto de
siglo de política, cultura y economía nacional rosista, la antipatria cuando
recuperó el poder, repitió hasta el hartazgo el modelo rivadaviano. En
“cultura” fue la asepsia y el asco por las mayorías populares. Y desde la
apoliticidad de la “cultura” de la dependencia, reiterada por incautos indigentes neuronales (de los que muchos ya
no pueden o no deberían quedar) ellos reprodujeron y sostuvieron su país. Desde
esa cultura – única admitida como oficial- se alimentó el monstruo de esta
Argentina minúscula, deforme y pauperizada que es la Argentina oficial de hoy.
Desde los manuales de historia, desde la
escuela, desde los medios de comunicación, desde el arte de “la torre de
marfil”. Desde la ingenuidad y la maldad de los “apolíticos” que cerraron bien
sus ojos ante la muerte y la destrucción porque “el arte y la cultura nada
tiene que ver con eso”. Pero ante ese país, sin más futuro que la muerte, ese
país que se cae – y no solo – a pedazos, renace el otro, el verdadero. La
Argentina de las mayorías populares. Una y otra vez, los intelectuales – esos
afortunados que accedieron a la “cultura” a costa de que otros permanecieran en
la “ignorancia” equivocaron el camino. Desde la sombra de Rivadavia se
encandilaron con un país que no existía, con la escenografía de un país de
mentira Y se pusieron de espaldas al pueblo, la verdadera y única Nación. Casi
dos siglos de historia escrita con sangre no puede tirarse alegremente por la
borda. Las minorías intelectuales que apoyaron a la Nación, tienen que ser
ahora y definitivamente, mayorías. Porque cuando una vez más en la historia, la
opción es liberación o dependencia, no se puede estar ni en la vanguardia, ni
arriba, ni abajo ni cerca del pueblo para construir la Nación. En esta hora se
está con él o, necesariamente, en su contra.
Tal como planteó en su momento el
académico, amigo y colega Aldo Duzdevich, la dictadura encabezada por las
Fuerzas Armadas utilizó como argumento la lucha contra la subversión, pero en
realidad avanzó con un programa económico “de corte netamente liberal”,
diseñado por el entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. En
ese sentido, remarcó que muchas de las medidas aplicadas en 1976 encuentran
similitudes con políticas recientes:
“El discurso de Martínez de Hoz es
prácticamente calcado a planteos actuales. Si uno lo escucha sin contexto,
puede pensar que lo dijo Javier Milei”, afirmó, al detallar que el plan incluía
liberación del dólar, apertura de importaciones, baja de aranceles y congelamiento
salarial.
El investigador también advierte
sobre las consecuencias sociales de aquel modelo: un fuerte incremento de la
pobreza, el crecimiento exponencial de la deuda externa y el cierre masivo de
empresas. “Se pasó de un 4% de pobreza en 1975 a un 25% en 1983, con 20.000
industrias cerradas y 800.000 trabajadores sin empleo”, precisó.
En su análisis, Duzdevich plantea que
la discusión de fondo en la Argentina sigue siendo estructural: “Ser un país
agro exportador o un país industrial. El primero alcanza para unos pocos
millones, pero somos 46. Sin industria, no hay desarrollo posible”. Subraya
que, a diferencia de la dictadura, el contexto actual presenta una legitimidad
distinta al estar respaldado por el voto popular, aunque insistió en la necesidad
de revisar la historia para evitar repetir errores. “Hay que aprender del
pasado, porque el costo de equivocarse siempre es alto”.
El inicio de la debacle Argentina con
el golpe de Estado de 1976:
.- Duró 2818 días.
.- Hubo 4 Presidentes: Videla, Viola,
Galtieri y Bignone.
.- Se cerraron 20.000 fábricas.
.- Se abrieron 340 centros
clandestinos de detención.
.- La deuda externa se multiplicó por
6 (de 7 mil millones de u$s a 45 mil millones).
.- La inflación acumulada durante el
periodo que va del 1976 a 1983 fue de 517.000%.
.- Los trabajadores industriales
perdieron 700 mil puestos. Hubo alrededor de 50 mil Pymes
cerradas. Los trabajadores
pasaron del 48 por ciento al 30 por ciento en su participación
en la distribución de la riqueza.
Y un dato aún más espeluznante: las organizaciones de
derechos humanos calculan que el
66 por ciento de los 30 mil desaparecidos fueron
trabajadores
activistas y delegados sindicales.
.- El mundial del 1978 costó u$s
500.000.000. Mientras se desarrollaba, desaparecieron 69
personas. Un día después de salir
campeones del mundo, se quemaron 1.500.000 libros en
un baldío de Sarandí, Pcia de Buenos Aires.
.- Se prohibieron más de 200
canciones de artistas argentinos y extranjeros.
.- Mas de 600 libros fueron
prohibidos, entre ellos, muchos libros infantiles.
.- Se prohibieron más de 200
películas extranjeras y 130 argentinas. Se cortaron o
censuraron partes a cientos más.
.- Aumento de la Pobreza, del 4,4% en
1975 al 37,4% en 1983.
.- La dictadura disolvió el Congreso,
prohibió los sindicatos y cercenó la actividad de los
partidos políticos.
.- Se secuestró, torturó y
desapareció a 30.000 personas. Incluidos niños.
.- 490 personas nacieron en
cautiverio durante la dictadura militar. Sólo 127 fueron recuperados.
.- Se robó propiedades, autos, entre
otras cosas antes de hacerlos desaparecer y luego
asesinarlos.
.- Violaron y torturaron
constantemente, hicieron fosas comunes, arrojaron desde aviones a
mujeres y hombres al mar o al Río
de la Plata todavía vivos. Asesinaron a adolescentes
que luchaban por un boleto
estudiantil.
.- Atrapaban a las víctimas en la
calle, en bares, cines, en sus casas, en sus trabajos o en el
lugar donde se encontraran en ese
momento. Una vez detenidos eran trasladados a un
centro clandestino de detención
donde se los interrogaba mediante un régimen de tortura
sistemática.
.- Se calcula que 500.000 argentinos
se exiliaron voluntariamente o forzosamente durante la
dictadura.
.- El primer Estado en Reconocer a
Rafael Videla como Presidente: EEUU.
.- El FMI aprobó un Crédito
Internacional de 110 millones de dólares el mismo día del
Golpe Militar, aun cuando las
nuevas autoridades no habían sido reconocidas por ningún
país en el mundo.
.- Se estatizó la deuda privada de
más de 70 grandes Empresas. Entre ellas el Grupo Macri,
Techint, Fiat, Ford, City Bank, IBM, Banco
Francés, etc. El monto, alrededor de 22 mil
millones de Dólares. Casi la
mitad de la de Deuda que generó la dictadura.
Para ello no trepidaron en tirar a
gente viva y drogada desde aviones.
Violaron hijas delante de sus madres
y madres delante de sus hijas. Robaron bebés nacidos en cautiverio. Dejaron
chicos como NN. Desaparecieron miles y miles de personas, algo que ninguna
dictadura había hecho jamás.
En muchas casas hubo que quemar
libros en la bañadera para seguir vivos. Se censuraron libros y persiguieron
docentes. Se endeudó al país como nunca y las reformas económicas anti
industriales que tuvieron lugar en ese momento jamás se pudieron revertir.
Entre muchas otras cosas, eso fue el terrorismo de Estado. Todavía hoy siguen
apareciendo cuerpos y hay muchos que no pudieron despedir a sus muertos.
Hablar de esto es justicia contra los
que todavía hoy relativizan, justifican o quieren reescribir el crimen.
Recordar esto no es “quedarse en el pasado”: es impedir que haya hijos de puta
que lo vuelvan defendible. Recordar es defender el único límite que, más allá
de cualquier ideología, una sociedad decente no puede volver a cruzar jamás.
NUNCA MÁS.



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