DOS PAÍSES QUE VIVEN, UNO DENTRO DE OTRO.

A MEDIO SIGLO DEL GOLPE DE ESTADO MÁS SANGRIENTO Y LA DICTADURA MÁS DEVASTADORA DE LA HISTORIA ARGENTINA, LA OPCIÓN SIGUE SIENDO DE GUERRA: 

“LIBERACIÓN O DEPENDENCIA”


Por José Pepe Muñoz Azpiri

Algo difícil de comprender resulta aquello de que en la Argentina conviven dos países diametralmente opuestos. Perfectamente delimitados Y no son dos países divididos por una suerte de frontera Norte-Sur o Este y Oeste. Son dos países que viven uno dentro del otro, casi desde antes en que nos constituyéramos como Nación. Y sus habitantes solo tienen en común el habitar un mismo territorio y hablar una misma lengua. Todo lo demás es diferente. Su concepción de la política, de la vida  de la cultura. Uno es un país de una minoría dominante. El otro el de las mayorías sometidas. Uno, es un país minúsculo y dependiente. El otro es una gran comunidad constituida como Nación.

Y estos dos países no son una entelequia imaginada. Más bien la entelequia es el otro país: el que desde siempre esas minorías nos quisieron vender como único. Porque rastreando nuestra historia superficialmente, vemos emerger dos estilos enfrentados, que no son solo dos proyectos de país, sino en realidad dos países que se superponen y enfrentan. Cada uno de ellos tiene un modo de expresión política: el país dependiente optó necesariamente por el gobierno de las minorías oligárquicas que, como tales, debieron ser aliadas naturales de los imperialismos de turno para poder mantenerse en el poder. Fueron las que hicieron del fraude y la corrupción una metodología política. Y las que plasmaron una forma constitucional que las consolidó en el poder: la Constitución liberal de 1853. Esas minorías encerradas en la mentira, son las que se auto titularon depositarias de la “democracia” y de la “libertad”

El otro país, el de las mayorías, en oposición, desde el poder gobernó para el pueblo, no la “gente”. Y apostó a un destino de grandeza, abierto al mundo, interpretando la voluntad popular de una Argentina justa, libre y soberana. Este país también tuvo su Constitución Nacional, la de 1949, que nacida de la democracia fue derogada por decreto de los “libertadores”.

Uno y otro país tuvieron también una actitud definida ante el derecho de la vida. El dependiente optó por la muerte. Porque necesitó de muerte y represión para mantenerse contra la voluntad de las mayorías populares en el poder. Una cíclica historia de fusilamientos y crímenes, de masacres y desparecidos, jalona el gobierno de las minorías anti populares. En oposición las mayorías no necesitaron de la muerte y eligieron la vida. La manifestación popular y la alegría. Porque el gran país necesitaba de todos sus hombres para alcanzar una comunidad organizada y su destino de grandeza.

En la economía, las diferencias entre las concepciones y la práctica de estos dos países que viven superpuestos fueron abismales. Los que son alimentados por los imperialismos, forjaron la dependencia como única herramienta de dominación. Destruyendo la economía regional del país y al país mismo. Y en el reparto internacional nos dejaron el rol de proveedores de materias primas – su feudo – para enriquecimiento de las metrópolis y para nuestra paulatina pauperización. Las minorías, en el mejor de los casos, hicieron de intermediarias para sumir al pueblo argentino – el otro país – en la miseria, el hambre y la desocupación.

Y en esta Argentina dividida entre el país sometido de la oligarquía y el imperialismo y la Nación soberana que construye el pueblo, la cultura jugó un papel decisivo.

 Los que ganaron parcialmente la guerra, hablemos de la batalla de Caseros en adelante, se reservaron el derecho de escribir la historia y de digitar al cultura. Y se tomaron la precaución como parte de un plan perfectamente definido de despojar a la cultura de todo contenido “político”. Cómo hicieron de la “cultura” (recortada y deformada) un patrimonio de ellos, la vendieron como pura y aislada, tanto como vacía de democracia está la “democracia” que pregonan, A fines del siglo anterior, cuando tuvieron todo el poder, tuvieron también la lucidez de reescribir el pasado, imaginar su presente, y proyectar su futuro que se prolongaría durante un siglo. Tuvieron la herramienta y supieron usarla. Porque, despojando de todo contenido político a la cultura, hicieron de ella un instrumento fundante de la dependencia. Y después de construir el edificio sobre todas las falacias imaginables, cerraron la puerta. Y desde allí, exclusivamente desde allí, quisieron hacer creer que Argentina había una sola: la de ellos.

La historia de la dependencia cultural tiene un inicio con nombre y apellido: el de Bernardino González Rivadavia. El fue el gran mentor de la dependencia integral. Sus sucesores solo repetirían y perfeccionarían lo hecho por él. Se nombró presidente de un país de diez manzanas y dictó leyes para el otro país, el de millones de kilómetros cuadrados. Vendió el subsuelo y suelo de la Patria. Reprimió cuando se le opusieron. Y con genialidad vislumbró que la cultura era la gran llave. Se puso de espaldas al país y puso sus ojos en las luces de Europa. Como puede verse desde estas dos argentinas de hoy, todo un precursor. Y fundó la “cultura” de las minorías y paniaguó a un círculo áulico. Borrando del mapa un cuarto de siglo de política, cultura y economía nacional rosista, la antipatria cuando recuperó el poder, repitió hasta el hartazgo el modelo rivadaviano. En “cultura” fue la asepsia y el asco por las mayorías populares. Y desde la apoliticidad de la “cultura” de la dependencia, reiterada por incautos  indigentes neuronales (de los que muchos ya no pueden o no deberían quedar) ellos reprodujeron y sostuvieron su país. Desde esa cultura – única admitida como oficial- se alimentó el monstruo de esta Argentina minúscula, deforme y pauperizada que es la Argentina oficial de hoy.

Desde los manuales de historia, desde la escuela, desde los medios de comunicación, desde el arte de “la torre de marfil”. Desde la ingenuidad y la maldad de los “apolíticos” que cerraron bien sus ojos ante la muerte y la destrucción porque “el arte y la cultura nada tiene que ver con eso”. Pero ante ese país, sin más futuro que la muerte, ese país que se cae – y no solo – a pedazos, renace el otro, el verdadero. La Argentina de las mayorías populares. Una y otra vez, los intelectuales – esos afortunados que accedieron a la “cultura” a costa de que otros permanecieran en la “ignorancia” equivocaron el camino. Desde la sombra de Rivadavia se encandilaron con un país que no existía, con la escenografía de un país de mentira Y se pusieron de espaldas al pueblo, la verdadera y única Nación. Casi dos siglos de historia escrita con sangre no puede tirarse alegremente por la borda. Las minorías intelectuales que apoyaron a la Nación, tienen que ser ahora y definitivamente, mayorías. Porque cuando una vez más en la historia, la opción es liberación o dependencia, no se puede estar ni en la vanguardia, ni arriba, ni abajo ni cerca del pueblo para construir la Nación. En esta hora se está con él o, necesariamente, en su contra.

Tal como planteó en su momento el académico, amigo y colega Aldo Duzdevich, la dictadura encabezada por las Fuerzas Armadas utilizó como argumento la lucha contra la subversión, pero en realidad avanzó con un programa económico “de corte netamente liberal”, diseñado por el entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. En ese sentido, remarcó que muchas de las medidas aplicadas en 1976 encuentran similitudes con políticas recientes:

“El discurso de Martínez de Hoz es prácticamente calcado a planteos actuales. Si uno lo escucha sin contexto, puede pensar que lo dijo Javier Milei”, afirmó, al detallar que el plan incluía liberación del dólar, apertura de importaciones, baja de aranceles y congelamiento salarial.

El investigador también advierte sobre las consecuencias sociales de aquel modelo: un fuerte incremento de la pobreza, el crecimiento exponencial de la deuda externa y el cierre masivo de empresas. “Se pasó de un 4% de pobreza en 1975 a un 25% en 1983, con 20.000 industrias cerradas y 800.000 trabajadores sin empleo”, precisó.

En su análisis, Duzdevich plantea que la discusión de fondo en la Argentina sigue siendo estructural: “Ser un país agro exportador o un país industrial. El primero alcanza para unos pocos millones, pero somos 46. Sin industria, no hay desarrollo posible”. Subraya que, a diferencia de la dictadura, el contexto actual presenta una legitimidad distinta al estar respaldado por el voto popular, aunque insistió en la necesidad de revisar la historia para evitar repetir errores. “Hay que aprender del pasado, porque el costo de equivocarse siempre es alto”.

El inicio de la debacle Argentina con el golpe de Estado de 1976:

.- Duró 2818 días.

.- Hubo 4 Presidentes: Videla, Viola, Galtieri y Bignone.

.- Se cerraron 20.000 fábricas.

.- Se abrieron 340 centros clandestinos de detención.

.- La deuda externa se multiplicó por 6 (de 7 mil millones de u$s a 45 mil millones).

.- La inflación acumulada durante el periodo que va del 1976 a 1983 fue de 517.000%.

.- Los trabajadores industriales perdieron 700 mil puestos. Hubo alrededor de 50 mil Pymes

    cerradas. Los trabajadores pasaron del 48 por ciento al 30 por ciento en su participación

    en la distribución de la riqueza. Y un dato aún más espeluznante: las organizaciones de

    derechos humanos calculan que el 66 por ciento de los 30 mil desaparecidos fueron

    trabajadores activistas y delegados sindicales.

.- El mundial del 1978 costó u$s 500.000.000. Mientras se desarrollaba, desaparecieron 69

   personas. Un día después de salir campeones del mundo, se quemaron 1.500.000 libros en

   un baldío de Sarandí, Pcia de Buenos Aires.

.- Se prohibieron más de 200 canciones de artistas argentinos y extranjeros.

.- Mas de 600 libros fueron prohibidos, entre ellos, muchos libros infantiles.

.- Se prohibieron más de 200 películas extranjeras y 130 argentinas. Se cortaron o

   censuraron partes a cientos más.

.- Aumento de la Pobreza, del 4,4% en 1975 al 37,4% en 1983.

.- La dictadura disolvió el Congreso, prohibió los sindicatos y cercenó la actividad de los

   partidos políticos.

.- Se secuestró, torturó y desapareció a 30.000 personas. Incluidos niños.

.- 490 personas nacieron en cautiverio durante la dictadura militar. Sólo 127 fueron recuperados.

.- Se robó propiedades, autos, entre otras cosas antes de hacerlos desaparecer y luego

   asesinarlos.

.- Violaron y torturaron constantemente, hicieron fosas comunes, arrojaron desde aviones a

    mujeres y hombres al mar o al Río de la Plata todavía vivos. Asesinaron a adolescentes

    que luchaban por un boleto estudiantil.

.- Atrapaban a las víctimas en la calle, en bares, cines, en sus casas, en sus trabajos o en el

   lugar donde se encontraran en ese momento. Una vez detenidos eran trasladados a un

   centro clandestino de detención donde se los interrogaba mediante un régimen de tortura

   sistemática.

.- Se calcula que 500.000 argentinos se exiliaron voluntariamente o forzosamente durante la

   dictadura.

.- El primer Estado en Reconocer a Rafael Videla como Presidente: EEUU.

.- El FMI aprobó un Crédito Internacional de 110 millones de dólares el mismo día del

   Golpe Militar, aun cuando las nuevas autoridades no habían sido reconocidas por ningún

   país en el mundo.

.- Se estatizó la deuda privada de más de 70 grandes Empresas. Entre ellas el Grupo Macri,

   Techint, Fiat, Ford, City Bank, IBM, Banco Francés, etc. El monto, alrededor de 22 mil

   millones de Dólares. Casi la mitad de la de Deuda que generó la dictadura.

Para ello no trepidaron en tirar a gente viva y drogada desde aviones.

Violaron hijas delante de sus madres y madres delante de sus hijas. Robaron bebés nacidos en cautiverio. Dejaron chicos como NN. Desaparecieron miles y miles de personas, algo que ninguna dictadura había hecho jamás.

En muchas casas hubo que quemar libros en la bañadera para seguir vivos. Se censuraron libros y persiguieron docentes. Se endeudó al país como nunca y las reformas económicas anti industriales que tuvieron lugar en ese momento jamás se pudieron revertir. Entre muchas otras cosas, eso fue el terrorismo de Estado. Todavía hoy siguen apareciendo cuerpos y hay muchos que no pudieron despedir a sus muertos.

Hablar de esto es justicia contra los que todavía hoy relativizan, justifican o quieren reescribir el crimen. Recordar esto no es “quedarse en el pasado”: es impedir que haya hijos de puta que lo vuelvan defendible. Recordar es defender el único límite que, más allá de cualquier ideología, una sociedad decente no puede volver a cruzar jamás.

NUNCA MÁS.







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