CUANDO LOS DEL COLEGIO NACIONAL NOS LLAMABAN A LOS NORMALISTAS: “LECHEROS”.

Por V.L.M.

Un muy claro ejemplo de lo que generaba la tradicional “Educación Pública, Libre y Gratuita” que viví en los años “60” del siglo pasado y sigue manteniendo en su esencia los rasgos  discriminatorios y diferenciadores que desde sus inicios impulsó Bartolomé Mitre al crear los bachilleratos junto a los Colegios Nacionales  dentro del sistema educativo argentino, lo experimenté acá en Catamarca. Lógicamente sin que me afectara mucho en lo emocional ya por la etapa de vida que transitaba en ese momento –adolescencia e inicio de juventud- esas cuestiones me nefregaban al tiempo que agudizaban mi ingenio para sortearlas. Hoy, visto a lo lejos en el tiempo, y analizado, me sirven para detectar que  algunas “cuestiones” –el sectarismo por caso- y dentro de la educación pública,  vienen de lejos.

Primero le voy a dar un marco histórico al origen en el mundo de esta propuesta educativa, llamaba  “bachillerato” que de la mano de don Bartolo Mitre apareció en nuestro país.

 

La idea surge en la Edad Media, allá por el 1200 (siglo XIII), principalmente en Francia. El  vocablo proviene del latín medieval “baccalaureus” que etimológicamente significa "laureado con bayas" (coronado con laureles) y cuya traducción sería “bachiller” o “Licenciado”.

Evidentemente esto obnubiló a Mitre.  Era una instancia de estudios previos y preparatorios para el ingreso al ámbito Universitario de estudios superiores. Era el sueño oligárquico de la “casta propia bien educada y al estilo francés”. Con el correr de las décadas, y enfocándolo puntualmente en nuestro país, dicha “casta” terminó siendo el sector más ignorante e inculto de nuestra sociedad ya que a sus intereses de vida solo los asociaron únicamente a los beneficios económicos y las apariencias formales.

Como dije en oportunidades anteriores, tomando el pensamiento Jauretchano de modelo, la creída “clase social patricia” argentina conformada allá en el siglo XIX por los que luego denominaríamos “oligarquía”, era propensa al “Caca veo en Europa, caca quiero acá para nuestra argentina” (y no puse por casualidad “nuestra”; esa clase social siempre pensó que ellos eran los dueños, los propietarios del país). Claramente siempre fueron en el decir popular “burros con plata”.

Fue casualmente Bartolomé Mitre el impulsor en 1863 de la aparición de los bachilleratos con la creación del Colegio Nacional BsAs en la CABA de entonces.

Otros tantos Colegios Nacionales aparecieron en algunas provincias consideradas importantes para ese entonces en el interior del país. Sus creaciones fueron fruto  de partidas presupuestarias  que Presidencia de la Nación de ese entonces destinó para crear escuelas secundarias  en Mendoza, San Juan, Tucumán y en nuestra provincia –Catamarca.

 

Al ser hoy el Nacional BsAs, junto al Carlos Pellegrini y la técnica Otto Krause en C.A.B.A., colegios de enseñanza media preuniversitaria (como lo es hoy en mi Pcia la “Fray”) nadie puede negar la sólida formación en conocimientos varios que reciben sus “seleccionados educandos”.  Basta con saber que para poder ingresar a dichos establecimientos, hay que pasar por un filtro previo que en realidad se trata de un gran negocio que funciona y corre de manera paralela a las demandas académicas de sus autoridades.

 

MARCO HISTÓRICO EN EL QUE APARECE EL BACHILLERATO EN NUESTRO PAÍS.

Cuando nos referimos a los tiempos de su aparición no podemos corrernos de la función política que siempre tuvo la educación.

Combatir la “Barbarie” que supuestamente cargaba el pueblo humilde, aquel que solo tenía en los caudillos al sindicato-sindicalista (dijera Norberto Galasso) que podía  defender sus intereses de la brutal imposición  a sangre y fuego por un lado y a través de la educación por el otro,  aquellos principios “civilizadores” foráneos, ya constituía de por sí un latrocinio. Estas perversas acciones eran llevadas adelante  por el centralismo porteño tratando de imponerlos en todo el país desde su mentalidad cipaya. Eran  los claros y perversos objetivos que tenían tanto Mitre como Sarmiento, ambos siniestros ideólogos de aquellas acciones. Demonizar la cultura criolla semejándola a la “barbarie”, para estos dos truhanes era necesario; poco importaba si lo que llamaban “barbarie” existía y era –o no- cierta. Lo que les importaba era eliminar todo obstáculo que impidiera el “progreso” que imaginariamente brindaría al país (en realidad a sus intereses) la potencia que en ese momento reinaba como imperio: Gran Bretaña.   

El interior profundo de nuestra patria, por esos años padecía guerras civiles de características sangrientas plagada de crímenes y traiciones. Se pueden señalar entre tantos otros lamentables acontecimientos, el asesinato de Ángel Vicente “El Chacho” Peñaloza en Olta (La Rioja) consumado el 12 de noviembre de 1863 por Irrazabal (uno de los “Coroneles de Mitre” al decir del brillante escrito riojano Ricardo Mercado Luna); todo el mismo año en que Mitre funda el Nacional BsAs (dos políticas que tenían el mismo fin: Garrote y domesticación).

Otra tragedia que ocurrió en esos tiempos fue la  guerra de la “Triple Infamia” contra nuestro hermano pueblo paraguayo, conflicto que comenzó en diciembre de 1864. Tuvo  como antecedente-pretexto la masacre y caída de Paysandú el  2 de enero de 1865 a raíz de la decisión del Mariscal patriota paraguayo Francisco Solano López de desplazarse hasta esa localidad uruguaya para  prestar auxilio al Gral de esas tierras Leandro Gómez quién defendía heroicamente su pueblo de los ataques de la flota brasileña (aliada a los intereses británicos y con bombas facilitadas por Mitre en el puerto de BsAs).

A este conflicto guerrero contra el Paraguay se opuso tenazmente el gran catamarqueño Felipe Varela autor posteriormente de la primera proclama americanista, patriótica proclama que le revolvió las vísceras al propio Mitre y los oligarcas de las Pcias del norte.

En aquella guerra bien llamada por el pueblo como de “La triple Infamia” también participó el sanjuanino Sarmiento (solo como escriba-relator lo que rompe el mito de un supuesto blandir una espada que aparece en su himno; esta verdad lo pinta de cuerpo entero como un gran cobarde)[1]. El conflicto finalizó en 1870 con el pueblo paraguayo exterminado.

Mientras todo esto ocurría las clases privilegiadas de cada provincia buscaban acordar con el gobierno nacional y ordenaban el funcionamiento institucional provincial al gusto del centralismo porteño.

 

EL SUEÑO DE LA “CASTA PROPIA”

¿Cómo entra la cuestión educativa en todo esto?

¿Con que intención creó Mitre los Colegios Nacionales?

Su idea rectora fue la de generar –como en Europa- aquel paso intermedio que formaría y capacitaría a los hijos de los pudientes para acceder a los estudios universitarios, y así,  luego, conformar  la soñada elite de dirigentes políticos liberales que manejarían las instituciones del Estado y el País. Aquella propuesta dio sus primero frutos con aquella “Generación del 80” quienes le dieron forma y contenido al proyecto de país agro exportador que demandaba la clase oligarca, acomodando al país para ser una colonia proveedora de materia prima a la industrial Inglaterra. Para su concreción  se necesitaba una clase dirigente políticamente formaba y educada con mentalidad cipayamente colonial. Los Colegios Nacionales, en todo el país, sirvieron para eso.

EL CASO CATAMARCA

El “Dr.” Fidel Mardoqueo Castro fue el primer Rector del Colegio Nacional de esta Pcia, que fuera inaugurado el 1 de marzo de 1865, razón por la cual el colegio lleva su nombre. En realidad dicho colegio fue fundado oficialmente en 1864 bajo la Presidencia de don Bartolo Mitre. Su aparición fue fruto  de partidas presupuestarias  que Presidencia de la Nación de ese entonces destinó para crear escuelas secundarias  en Mendoza, San Juan, Tucumán y en nuestra provincia –Catamarca-.

Javier Castro, hijo de don Fidel Mardoqueo, fue gobernador de la provincia desde el 15 de noviembre de 1917, gestión que fue interrumpida el 27 de abril de 1918 por la intervención dispuesta por el Gobierno Nacional, en ese momento en manos de don Hipólito Irigoyen. Este detalle de un gobernador surgido de un colegio así, no es menor en tanto se ajustaba a los objetivos para los cuales Mitre creo los colegios nacionales (los bachilleratos) y que señalo más arriba.

Por sus aulas desfilaron personajes como el escritor belicho Luis Franco, el dramaturgo Oscar Ponferrada y también el que fuera durante la mal recordada “Década Infame”, primero vice del presidente radical antipersonalista Roberto Marcelino Ortiz, y que tras el fallecimiento de este, pasó a ocupar la Presidencia de la Nación: me refiero al conservador Ramón S. Castillo.

Es por eso que los bachilleres en nuestro país y hasta 1970, eran egresados de esa institución que por formación sabían un poco de todo pero de la realidad del país ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero es ahí “y sin querer queriendo” (dijera el Chavo), donde comienzan a gestarse las diferencias sociales. Los guardapolvos del primario fueron una hipócrita puesta en escena que solo uniformaba educandos en las horas que se realizaba el ritual educativo dentro de cualquier establecimiento; cumplido el horario escolar y  traspasada la puerta del establecimiento, el niño pobre volvía a su pobreza, el niño rico a su riqueza y el señor docente contento y dispuesto a  prepararse para cumplir con el mismo ritual al día siguiente. (Todo esto aparece en mi trabajo “Guarda-Polvos, aorta pedagógica de la dependencia” -2012- y “Juicio al Sistema Educativo Argentino” -2026-  de reciente aparición)

EL EJEMPLO ESCLARECEDOR.

Aquí sí puedo insertar, contar mi anécdota.

Cursé el magisterio en la Escuela Normal de Maestro N° 1 “Fray Mamerto Esquié” de mi provincia natal, Catamarca. Soy egresado con la promoción 1969, ultima camada de Maestros Normales Nacionales que produjo el Normalismo Argentino. 

Escuela Normal que surge en la entonces ciudad de Catamarca en 1878 siendo la primera institución en la región formadora de docente varones. En 1881 obtiene la condición de establecimiento educativo nacional. Recién en 1903 adquiere el rango de Escuela Normal Regional “Fray Mamerto Esquiú” a la cual acudían alumnos de toda la región del NOA y Cuyo.

Brindaba una sólida formación en distintas disciplina, y el título habilitaba hasta 1960 para que un Maestro Normal Nacional, en casi todas las provincias del interior del país, no solo fuera docente de escuelas primarias sino también profesor de varias asignaturas en colegios secundarios (Entre ellas profesor de Historia, Geografía, Matemáticas, Física, Química, Lengua, Literatura y hasta Psicología  entre otras). Lógicamente esa calidad educativa nos hacía diferentes  en cuanto a formación académica; pero no así al extremo de sentirnos superiores sobre nadie; aun sabiendo que en materia de conocimientos y comparado con la formación que se recibía en otros colegios secundarios,  lo éramos. La Escuela Industrial producía excelentes técnicos; la escuela de Comercio necesarios Peritos Mercantiles… ¿Y del Colegio Nacional que salían? ¡Bachilleres! ¿Y que eran; para que servían los bachilleres? Nadie sabía, pero eso sí, de esos bachilleres surgían algunos futuros universitarios que lógicamente provenían de las clase pudiente que asistían al Colegio Nacional y que ya pretendían posteriormente estudiar abogacía o medicina. Para hacerlo, emigraban a Pcias vecinas –preferente Córdoba- para concretar anhelos familiares de neto corte social diferenciador, y/o personales.

Pero mi recuerdo me lleva a rescatar ciertas rivalidades estudiantiles de aquella época secundaria donde apareció algún calificativo que los del “Nacional” nos endosaban a los “Normalistas”: Nos decían “lecheros”. Seguramente asociado al guardapolvo que el docente primario debió y debe seguir usando para desarrollar su actividad (la primera gráfica da cuenta de esto). Pero en boca de los del Colegio había un toque peyorativo, despreciativo en términos sociales asociado a un oficio menor dentro de las labores generales (rebajado al de simple peón de campo, como si eso fuese deshonroso). Eso nos colocaba, supuestamente y en términos sociales, dentro de una categoría inferior, la de un  obrero de servicio. En cambio algunos de ellos pretendidamente de la alta burguesía provincial ya se sentían futuros “Dres” y con derechos a menoscabar a otros comprovincianos socialmente.

Me estoy refiriendo a una educación secundaria (“libre” y gratuita) que seguía dando muestras de manera muy sutil ese carácter diferenciador en términos sociales que desde sus inicios le imprimió Mitre con la creación de los bachilleratos.

Todo lo señalado se hacía presente en la rivalidad tribunera cuando llegaba la época de los torneos intercolegiales y olimpiadas deportivas; eran los canto y gritos por parte de las hinchadas que se escuchaban principalmente en partidos de básquet y vóley que se disputaban en esos torneos y cuyo clásico lo jugaban la “Normal” frente al “Nacional.”      

Debo reconocer que el Colegio Nacional reunía entre su alumnado pibes provenientes de todas las clases sociales (lo mismo que la Normal), pero en el caso del Nacional, y al codearse con los de la alta burguesía local ya se iniciaban aceleradamente como futuros tilingos.  Pero nunca dejaron de lado esa particular  honestidad  que siempre acompaña a los atorrantes de barrio. Su canto preferido y hasta esclarecedor en cuanto al ámbito que los cobijaba era: “Colegio, todo vago que camina va a parar al Nacional”.

El sueño de un traidor a todo lo que se oponga a sus ideas e intereses –Mitre- se comenzó a cumplir a partir de 1970. Se implanto e institucionalizo como secundario el BACHILLERATO. La Creación de su cómplice –Sarmiento- desapareció de la educación pública argentina; adiós a las Escuelas Normales; adiós al Normalismo.      

[1] Recomiendo leer el trabajo  “Pro y contra de Sarmiento” de Luis Alberto Murray.

 

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