EL PUEBLO COMO CREADOR DE CULTURA (Me refiero a ese Pueblo solo asociado al polo de la barbarie en la dicotomía Civilización-Barbarie)
Extraído del artículo “Cultura Nacional y Liberación” publicado por http://sociologiayliberacion.blogspot.com.ar/2015/06/cultura-nacional-y-liberacion-una.html
y reproducido por Revista EL EMILIO el 8 de junio de 2015
Una mirada filosófica desde Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Kusch y Fermín Chávez.
Por Dionela Guidi (1)
Introducción
En América Latina, y Argentina no fue
la excepción, nuestras clases dominantes han entendido la cultura a partir de
un modelo elitista, cimentado en un proyecto de Nación desdeñoso de los
sectores populares, sumamente europeísta y en profunda sintonía con el
papel que el país cumplía en el orden internacional desde fines del siglo XIX,
momento en que se consolida la dependencia. Nos constituimos como la “granja”
de las potencias imperiales, sin mayor identidad que aquella.
Si tomamos en cuenta las bases de los
proyectos culturales hegemónicos, el pueblo como creador de
cultura no ha ocupado más que el polo de la barbarie en la
dicotomía Civilización-Barbarie, madre de todas las zonzeras según Jauretche e
hilo conductor de todas las luchas intestinas emanadas de la contradicción
campo nacional-antinacional.
El desarrollo de una cultura
nacional en los países dependientes emerge como contra cultura,
en la medida que una elite oligárquica apartó lo autóctono como insumo básico
de la producción y reproducción cultural, para implantar patrones culturales
ajenos, entendidos como verdadera cultura. Se impidió de esta
forma la realización de nuestro Ser Nacional.
Lejos de tratarse de un proceso
unidireccional, estático y monolítico, este modelo cultural se instaló en las
mentalidades de amplios sectores de las población (no sin resistencias, claro
está) encontrando en las Universidades sus principales promotores ideológicos.
Este trabajo se propone desentrañar
las nociones de cultura e identidad nacionales, así como la
perspectiva de una política cultural nacional desde la mirada
de tres grandes autores, que produjeron una vasta obra, tan vasta como poco
difundida por los aparatos culturales oficiales, y prácticamente sin presencia
en las usinas de saberes “especializados” en la materia. Ellos son: Juan José
Hernández Arregui, Rodolfo Kusch y Fermín Chávez.
1.-Fermín
Chávez: Hacia nuevos ejes culturales para la periferia
Fermín Chávez fue un intelectual y
político argentino nacido en 1924, oriundo de la provincia de Entre Ríos. De
familia yrigoyenista, realizó su formación en teología y filosofía en Buenos
Aires y en el Perú, país en el que se encontraba radicado cuando se produjeron
los acontecimientos del 17 de octubre en la Argentina. Chávez regresa
a su “patria chica” un año después, en 1946, para incorporarse inmediatamente
al movimiento nacional que los hechos de octubre habían parido.
Desde entonces la vida política
del país, bajo la etapa peronista, se vería profundamente transformada en favor
de los sectores populares y de la industria como eje económico desde el cual
era posible romper las cadenas de la dependencia. Esas cadenas
aprisionaron la Nación desde mediados-fines del siglo anterior cuando
Mitre, exponente emblemático de la oligarquía porteña y su proyecto unitario
sella a sangre y fuego los destinos del país como semicolonia británica.
Fermín Chávez irá cambiando su
perspectiva nacionalista de matriz maurrasiana, de tipo elitista y
conservadora, la cual abrazó en sus orígenes hacia un nacionalismo
popular que se manifiesta desde los inicios de la década del ’40, y
que toma bajo el peronismo una militancia activa ya sea como funcionario de
Ramón Carrillo en salud pública, o como parte del órgano de prensa de la
CGT. (Jaramillo; 27: 2012)
Chávez publicó más de 46
libros, entre ellos la continuación de la obra enciclopédica de José María
Rosa, dentro de los cuales abordó no solo temas histórico-políticos, sino
también filosóficos y literarios.
Una de las preocupaciones centrales
de la obra de Fermín Chávez se centró en la superación de la doctrina
iluminista, de la cual la elite criolla fue ferviente seguidora, doctrina que
sirvió además como esquema teórico de la “civilización” que se proponían llevar
a cabo suprimiendo los sujetos, la cultura, y las formas de ser locales por
otras, ajenas, “ilustradas”, que se impondrían a fuerza de una concepción
naturalista y universalista de la historia, bajo la cual más temprano que tarde
nuestro pueblo sucumbiría por tratarse de una manera de “evolucionar” hacía una
forma “superior”.
Con lo cual, encontraremos en Chávez
la indagación acerca del coloniaje cultural que operó sobre nuestra formación
como Nación impidiendo que se desarrolle una estructura de país basado en
un proyecto autóctono, para erigirse como superestructura alienante,
obstaculizando toda construcción liberadora. (Jaramillo; 2012).
La oposición
civilización-barbarie fue la dicotomía a raíz de la cual las luchas intestinas
se cristalizaron, y el sustento ideológico de un modelo de Estado como riñón de
una elite que la usó como garantía de sus propios intereses. Esta oposición
también habilitó la elaboración política de una narrativa nacional que negó
sistemáticamente la presencia de los sujetos populares, del pueblo como motor
de la historia, y el ocultamiento de procesos cruciales para la vida de la
Nación.
Al igual que para Arturo Jauretche,
para Chávez, este modelo impuesto es incorporado a través del sistema educativo
dónde se instala acríticamente, produciendo la “deformación” de la propia
visión de sí, del pasado y del devenir. Para el autor la dicotomía
Civilización- Barbarie es también la expresión de los polos antagónicos de
Oligarquía –Pueblo.
Como la incorporación de los
mecanismos de la semicolonia no fue un proceso de apropiación pasiva, Chávez
argumenta que se desenvolvió una matriz de resistencia a través de la cultura
popular, elemento fundamental para sentar las bases de una autoconciencia
nacional. (Jaramillo; 31: 2012).
Para nuestro autor, el iluminismo
importado por las elites locales se articuló como un “falso eje” alrededor del
cual orbitó la cultura argentina, motivo por el cual era menester “formular,
orgánica y metódicamente una redefinición de conceptos referentes a todo
nuestro proceso cultural en función de autoconciencia y liberación”.(
Chávez; 39: 2012).
En esta necesidad de reformulación de
los conceptos coloniales aprehendidos, el autor allana el camino para
cuestionar el rol de las ciencias en particular y de la educación en
general en las sociedades periféricas, dado que realiza la crítica a una intelligentzia argentina,
que absorbe las categorías coloniales, las cuales Chávez denomina europometrismo
cultural retomando las concepciones acuñadas por Julio Ycaza Tigerino,
impidiendo el desarrollo de una cultura nativa orientada a la realización como
Nación soberana, y no como apéndice de una potencia europea.
El europometrismo cultural diseminado
por la empresa conquistadora, e incorporado a la cultural local asumió al
hombre europeo como parámetro universal de todas las culturas, sin tener
en cuenta su contenido histórico ni su contexto geógrafico, con la mira puesta
en borrar del mapa a todas aquellas que no se ajustaran a dichos parámetros, a
modo de “tabla rasa”, avasallando las identidades culturales que se habían
conformado a través de los distintos procesos históricos en Argentina y en toda
Latinoamérica, muchos de ellos previos a la conquista, otros aglutinados por
las implicancias que la conquista tuvo, no sólo a nivel socio-económico y
político sino además geográfico, por las unidades territoriales, burocrático-
administrativas que creó y que más tarde se convirtieron en naciones
“independientes”.
Fermín Chávez propone retomar las
ideas del historicismo puesto en práctica por Víctor Frankl, catedrático
de la Universidad de Viena, que produjo una vasta obra en
Latinoamérica, sobre todo en Colombia, basándose en el método de construcción
de una Historia de la Cultura como interpretación ideológica de la
realidad histórica (Chávez;2012). Para Frankl, la periodización de la historia
hispanoamericana no se correspondía con la periodización de la europea, así
como tampoco los movimientos ideológicos europeos encontraban su
correlato en estas tierras, en dónde a menudo las formas de pensamiento se
manifiestan de manera ecléctica y sin cristalizar (Chávez; 2012).
1.1) Iluminismo vs Historicismo
federal
Como desarrollamos en el apartado
anterior, Fermín Chávez entiende la dicotomía Civilización y Barbarie como el
resultante de ideología iluminista incorporada por la intelligentzia argentina:
“la teoría iluminista del progreso, victoriosa en las principales cabezas
del unitarismo, dará pábulo a la tesis sarmientina expuesta en 1845, en horas
críticas y decisivas para la nación” (Chávez; 2012: 47).
La europeización de América propuesta
por el iluminismo argentino se opone el historicismo federal que a partir de
1830, se expresa en figuras como Juan Manuel de Rosas, en Pedro De
Angelis y Alejandro Heredia, e incluso en Juan Bautista Alberdi, al cual Chávez
caracteriza como “iluminista en los fines e historicista en los medios”, entre
otros (Chávez; 2012: 50). A todos ellos los caracteriza como antifacundos,esto
es como opositores al pensamiento iluminista, defendiendo lo americano de la
barbarie europeísta. (Chávez; 2012).
El triunfo de la ideología iluminista
ciñe la historia nacional, que como analiza Chávez desencadenó un
vilipendio de lo propio, desestimado como cultura “oficial”, por el solo hecho
de haber surgido de estas tierras: “Pasado el ciclo experimental que
pagamos como pueblo joven- deslumbrados por expresiones de una sabiduría más
vieja – nos toca asumir un papel primordial: invertir la fórmula del equívoco.
Porque la verdad de la nación excluye a la otra verdad: la iluminista”.
(Chávez; 2012:58).
1.2) Bases para una epistemología
de la periferia
La supresión de todo sistema de
dominación implica abordar la realidad con nuevas herramientas. Aquí radica la
importancia de los trabajadores de la cultura a la hora de encarar
una nueva ciencia del pensar.
Para reelaborar la relación entre
sujeto y objeto de estudio, relación construida históricamente y con fuerte
intervención de la ideología dominante, es necesario partir de nuevas
definiciones de sujeto y objeto.
Para la reconstrucción de un sujeto y
un objeto para los pueblos colonizados, Chávez propone enfatizar en una ciencia
de la cultura que supera la escisión que produjo el paradigma iluminista entre
cultura de elites y cultura del pueblo, siendo ésta ultima subsumida a un rango
inferior, mutilando su forma auténtica de vida de modo que asuma las líneas
directrices que impulsan las clases dirigentes.
El hecho de comprender al pueblo como
creador y hacedor de cultura implica la restauración de las creencias y los
hábitos que fueron anulados por el pensamiento racional-iluminista,
visibilizando a los hombres y mujeres no-europeos, esto es superar el europometrismo
cultural.
“Empezar a buscar otra llave”
(Chávez; 2012: 298) denomina el autor al camino hacia una nuevo punto de
partida epistemológico alrededor del cual el eje de la cultura argentina
vertebre una autoconciencia que rompa el sistema que determina la dependencia
de las periferias con respecto al Centro.
Con respecto a esto, Chávez
señala: “El sujeto construido, en términos históricos, puede recrearse:
podemos reconstruirlo. Y si el sujeto se reconstruye, también se recrea el
objeto de conocimiento. La estructura espiritual dominante y colonizadora
siempre cumple un ciclo, pero se puede acelerar su decadencia. En este
punto se centra el problema epistemológico sobre el que estamos reflexionando”
(Chávez; 2012: 309).
2.-Rodolfo Kusch, filósofo de Abya Yala
Abya Yala es un término
utilizado por los originarios para llamar al continente americano y entre
sus varios significados aparecen como “Tierra
Madura”, “Tierra Viva” o “Tierra en florecimiento” en idioma dulegaya del
pueblo Guna (Panama/Colombia).
Rodolfo Kusch, filósofo argentino
nacido en 1922 en Buenos Aires, se desempeñó como profesor universitario e
investigador en el Ministerio de Educación entre 1948 y 1955.
Sin embargo, su actividad como
escritor fue, quizás, la más emblemática. Sus escritos sobre cultura popular se
destacaron por su profundidad y exhaustividad, además del compromiso asumido
desde la perspectiva de la “barbarie” del continente, en la necesidad de
crear un nosotros cultural que contenga la diversidad de
sujetos, objetos, espacios y valores que forman parte de un horizonte cultural
que nos es propio.
Realizó trabajos
filosófico-antropológicos en el noroeste argentino, Bolivia y Perú,
desempeñando su actividad como docente en la Universidad de Salta
entre los años 1972-1976.
Su filiación peronista y los años de
plomo, lo convirtieron en un exiliado en su propia tierra, radicándose en la
quebrada jujeña, en el pueblo de Maimará, en el año 1976. Una enfermedad
terminal lo trajo a Buenos Aires, ciudad donde murió en 1979.
2.1) Metodología de la
negación
Kusch llega a la conclusión, viajando
por América, que el problema para pensar el continente no radica en la
aplicación de un método científico riguroso, importado de Europa, sino en
la ausencia de categorías para analizar lo americano. (Kusch; 2007).
Desde la perspectiva de Kusch,
orientarse hacia una nueva forma de abordaje del saber americano implica
resignar el conocer por el comprender: “Comprender
supone sacrificar al sujeto que comprende e implica ser absorbido o
condicionado por el sujeto comprendido, pone sus pautas a mí como observador
(…) Comprender la existencia de un sujeto es captar el mecanismo central de
todo existir, cuya finalidad fundamental es su posibilidad de ser en el propio
horizonte cultural” (Kusch, 2012: 554).
De aquí se desprende la lógica de la
negación que propone Kusch, en la medida en que la lógica de afirmación
que presume el método científico occidental conlleva a una intención de
modificar las prácticas, los usos, y las costumbres observadas, mientras que la
lógica de la negación presupone que los sujetos modifican la pauta cultural
occidental cientificista.
Para Kusch, entrar en una lógica de
negación involucra entrar en un campo de indeterminación, ya que no se cumplen
las determinaciones occidentales, no obstante se ingresa en el ámbito de la
posibilidad de ser delotro no occidental dentro de sus propias
pautas y su propia voluntad cultural (Kusch;2007)
Esta inversión del método científico
rompe con “el modelo del universo que suele acompañar a la investigación” (Kusch;
2012:559). La negación no debe comprenderse, para el autor como un cierre sino
como una apertura que las categorías científicas occidentales no logran captar.
De esta manera, tomando el ejemplo que
Kusch utiliza, lo argentino no se consolida en lo que se
afirma como tal. La afirmación de lo que significa argentino desentraña toda
una historia de próceres, de vocación democrática, de un proyecto de
progreso; sin embargo entre lo que se afirma y lo que sucede hay conflicto. En
la afirmación no está contenido lo que pasará con el indio, con el gaucho o con
el habitante de las villas. Si comprendemos lo argentino como posibilidad,
entonces utilizamos la negación como metodología, porque ésta entra en tensión
con lo afirmado y exige además una totalización. ( Kusch; 2007).
Dice Kusch: “la negación
rescata aquello en que se está, las frustraciones diarias, los proyectos no
efectivizados, todo eso que hace a la imposibilidad de ser a nivel de
Occidente. Y esto es lo mismo que decir que lo argentino o lo boliviano distan
de lo que creemos, tienen sus raíces en la negación de esas cualidades que
creíamos evidentes”. (Kusch; 2007: 643).
La diferenciación entre la negación y
la afirmación conduce a una delimitación entre lo que es y lo que está,
pues con la negación hacemos referencia a lo que está, no decimos qué es, como
realiza la afirmación, sino que está. Para Kusch esta referencia conduce
al estar siendo del mundo de lo propio. Si se niega lo que es,
se abre la posibilidad de todo lo que no es y en todo ese no ser, ingresa lo
que se está siendo, las pautas culturales, la organización, las
formas del pensamiento. En el estar se encuentra sumergido el ser: “
Se trata de asumir entonces nuestra negación americana, esa que palpita en
nuestras revoluciones, en nuestra incapacidad de hacer la gran industria, en
nuestros fracasos para ser totalmente occidentales, en la miseria de los
ranchos indígenas , en las caras hambrientas de los que no quieren entrar en el
juego y siguen llamándose indios, hasta en el color pardo de la piel que
simboliza la negación implícita frente a Occidente , la de ser radicalmente
americano”(Kusch; 2007:663).
3.- Juan José Hernández
Arregui. Cultura para la liberación
Juan José Hernández Arregui,
intelectual argentino nacido en 1913, en Pergamino, provincia de Buenos Aires,
desarrollo una vasta labor como escritor y docente, enlazando marxismo y
nacionalismo popular.
Se formó en la Facultad de
Filosofía y Letras de Córdoba, donde se graduó con honores en 1944. Fue
profesor de la Universidad Nacional de La Plata y
de la Universidad de Buenos Aires.
Fue un pensador que caló hondo en las
generaciones militantes de los años ’60 y ’70. Sus esfuerzos como intelectual
militante se orientaron hacia la posibilidad de compatibilizar las ideas
marxistas con la realidad concreta de los trabajadores, en su mayoría
peronistas, esfuerzo que significó una ruptura con las lecturas realizadas por
la izquierda tradicional.
Para Hernández Arregui, la metodología
para el abordaje de la América Hispánica, debe basarse en unateoría
objetiva de la Cultura que nos permita partir empíricamente de la
realidad del presente, para poder arribar lógicamente la relación entre esa
realidad y la teoría y si, desde ella es posible sacar conclusiones.
3.1) Geografía y
Espíritu
Para el autor, la cultura americana
no puede explicarse sólo a partir de su base geográfica. El espacio es sólo el
soporte a través del cual se desarrolla la actividad cultural. Dice en
Imperialismo y Cultura: “El medio físico y su desaprovechamiento económico
reaparecen con tenacidad de raíz en las creaciones espirituales de nuestra
América y condicionan importantes aspectos formales y ornamentales de esa
cultura. Esa fuerza pasiva de la geografía continental, asociada al
sumergimiento social de las masas, consecuencia de una vida colectiva
económicamente poco desarrollada y dependiente, confiere peculiaridades
espirituales singulares, pero no definitivas, al alma americana.”(Hernández
Arregui; 1973: 279).
Relacionada con la geografía, surge
para el autor el folklore como “humus ancestral” de toda cultura independiente:
“Una comunidad alcanza la autoconciencia cultural cuando se reconoce a sí
misma en lo autóctono, entendido éste como una imagen colectiva primordial.” (Hernández
Arregui; 1973:284).
En el folklore viven las creaciones
amerindias sedimentadas en los estratos de la mentalidad colectiva de nuestros
países hispanoamericanos. Ellos se encuentran desde antes de la conquista,
tienen nexos con los distintos grupos étnicos, indígenas o negros, y marcan la
“estratifigrafía espiritual del continente” (Hernández Arregui;
1973:284).E incluso influyen en los grupos dominantes blancos, que aún
instaurando prejuicios sobre la cultura popular, no logran eludir su presencia
como arquetipos nacionales.
La existencia de un profundo acervo
folklórico indoamericano prueba la presencia de una realidad cultural vibrante.
Para Hernández Arregui, la
actitud latinoamericana es culturalmente bipolar. Por un lado, se encuentra
la vinculación con las culturas ancladas en el paisaje, que promueve una
búsqueda del eslabón originario de nuestra patria. Por otra parte, existe
también la conciencia de la herencia de la península ibérica y de los flujos
migratorios, que abren nuestra historia hacia Occidente. “Por eso somos
y no somos los occidentales de América. Y en esas actitudes culturalmente
antitéticas avizora el desasosiego presente del alma americana, pero también la
enunciación del futuro.” (Hernández Arregui; 1973:287).
En la medida que crece la conciencia
cultural, nos conducimos hacia una autopercepción, no como extraños con
respecto a Europa, sino como no -europeos. Ese proceso de bifurcación de Europa
habilita la reafirmación continental, particularmente contra los factores
disgregadores que la política europea tuvo en este territorio entre los
siglo XIX y XX.
De la lucha común emana una “voluntad
defensiva contra lo extranjero. La certeza de un drama histórico común crea una
ética continental solidaria” (Hernández Arregui; 1973: 287).
Esta cohesión que analiza el autor
sólo es posible por el carácter homogéneo de una cultura fundada en la
integración de creencias, costumbres, lengua, que arraigó la conquista
española.
En la era del imperialismo, periodo
en el que se consolida el capital monopolista inglés y norteamericano, las
tradiciones culturales y el sentimiento nacional refuerzan el accionar
político de los pueblos latinoamericanos. Es el ideal de Unión el
que aparece como premisa anti imperial: “la lucha nacional tiende a
convertirse en continental sobre la base de la unificación revolucionaria de
las masas latinoamericanas” (Hernández Arregui; 1973: 291).
Desde la perspectiva de este pensador
militante, la fortaleza del continente se debió a su unidad espiritual, en
medio de marcados desequilibrios a nivel mundial traídos por el imperialismo.
El carácter defensivo de esa unidad,
no es suficiente. Es necesario que el destino de la Patria Grande sea
concebido en términos de Política Intercontinental. Hernández Arregui menciona:
“El imperialismo no ha logrado romper nuestra unidad cultural. Semejante
hecho, convertido en conciencia política de nuestro destino común, terminará
por reintegrar las economías nacionales al centro organizador de la
confederación iberoamericana” (Hernández Arregui; 1973:295).
En palabras de Chávez, se trata de
producir el corrimiento del eje del Centro, actual esquema por donde
transita nuestra cultura, hacia la Periferia. Tal actividad
transformadora exige nuevas categorías de pensamiento para liberar ese nosotros ocultado,
denigrado y deformado por las ideologías coloniales, capaz de ser
realizado en sus propias pautas de horizonte cultural.
Honraremos esa tarea de dignidad.
Bibliografía
v Chávez, Fermín (2012) Historicismo
e iluminismo en la cultura argentina. En Epistemología para la
periferia. Ana Jaramillo Comp. Ediciones de la UNLa: Buenos Aires.
v Chávez, Fermín (2012); La
conciencia nacional. Historia de su eclipse y recuperación. En Epistemología
para la periferia. Ana Jaramillo Comp. Ediciones de la UNLa: Buenos
Aires.
v Hernández Arregui, Juan José
(1973); Imperialismo y Cultura. Editorial Plus Ultra: Buenos Aires.
v Hernández Arregui, Juan José
(2004); La formación de la Conciencia Nacional. Peña
Lillo: Buenos Aires.
v Hernández Arregui, Juan José
(2005) ¿Qué es el Ser Nacional? Peña Lillo: Buenos Aires.
v Kusch, Rodolfo (2007); El
pensamiento indígena y popular en América. En Obras Completas Tomo II.
Fundación Ross: Rosario.
v Kusch, Rodolfo (2007); Geocultura
del hombre americano. En Obras Completas Tomo III. Fundación Ross: Rosario.
v Kusch, Rodolfo (2007); Una
lógica de la negación para comprender a América. En Obras Completas Tomo
II. Fundación Ross: Rosario
v Maturo; Graciela (2008) La
opción por América. Editorial Fundación Ross: Rosario.
(1) (Socióloga, UBA)




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