“CUANDO UN SUEÑO BAJÓ DEL CIELO”
(o el regreso del Gral. Perón a la PATRIA)
Estas líneas aparecían como un simple y emotivo homenaje para aquella militancia
anónima que durante 17 años resistió, luchó y en no pocos casos hasta entregaron
su vida por y para hacer posible el regreso de aquel líder que les devolvió dignidad
y jamás los traicionó. Fueron escritas un 17 de noviembre de 2008 en nuestra querida,
recordada, y ya desaparecida Revista EL EMILIO.
En tiempos
como el actual, donde aquel añejo y tan valorado por la vieja militancia
peronista “concepto heróico de la vida” fue sepultado en el olvido por
mediocres y cotidianos gestos de una dirigencia politiquera banal que solo usa
la identificación “peronista” para su beneficio; tiempos donde hasta los
adultos y mayores perdieron la brújula junto a su historia de vida; donde lamentablemente
la mayoría de la juventud navega un tanto gustosa en un mar de inopia,
tosquedad y barbarie, haciendo gala de su supina ignorancia como un gran logro;
donde la mayor parte de la sociedad existe –no vive- sin importarle ni la
suerte de un semejante, de sus pares de especie humana, ni su propio destino futuro más allá de la satisfacción
dada por experiencias circunstanciales; veo necesario refrescar la memoria
sobre esa historia que construyó con mucho sacrificio todo esto que en no pocos momentos de su historia intentó ser
un país libre, independiente, justo socialmente y soberano; un país en el que generaciones
anteriores entregaron esfuerzos, sacrificios porque tenían visión de futuro, nación que hoy se
está despilfarrando anulando cualquier sentido de vida comunitaria en esta
vida.
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia Nacional y
Popular, Noviembre de 2008
Fuimos a la parada del bondi “86”,
¡Sí, ese que va para Ezeiza! Desde San Pedrito y Directorio –donde vivía
el “Ruso”- caminamos cuatro cuadras hasta Rivadavia y Nazca para poder
abordarlo.
El ambiente estaba cargado no solo de
humedad por la persistente llovizna que en esa mañana plomiza caía, sino
también de tensión. Me temblaban las rodillas, pero al Ruso no le decía nada.
El “Colorado” se había quedado dormido producto del pedo que se había agarrado
la noche anterior. Habíamos comenzado a la tarde el festejo.
¡Regresaba el “Viejo”! Yo no lo podía
creer. Millones de imágenes cruzaban por mi mente allí acurrucado
en el asiento del colectivo, mientras por la ventanilla veía pasar por la
General Paz más de un camión y no pocos tanques del ejército que evidentemente
patrullaban todos los accesos al famoso aeropuerto internacional.
RECUERDOS QUE MARCAN EL DESTINO DE UNA VIDA.
Días después del golpe del “55”,
desde la habitación de mi abuela, y un tanto asustado, presenciaba el primer
hecho que marcaría mi vida. Dos, o tres uniformados con “escopetas” (así
llamábamos los pibes de mi pago a las armas largas) sacaban a culatazos
limpios de aquella casa a mi tío, un dirigente gremial del SOEME “rotulado” de
Peronista; y en realidad lo era. Se llamaba Manuel Isauro Molina. Entre los
llantos de su madre, y los gritos de algunas vecinas quienes puteaban a los
militares del “operativo” fue arrancado de su hogar. Yo corrí hasta la ventana
del dormitorio de mi abuela para ver que pasaba afuera. Curiosidad de niño.
Lo que vi decidió mi destino político para siempre. Un hombre de
unos 25 años, pintaba en esa blanca pared de los vecinos que vivían al frente,
lo que luego sería una consigna de lucha y militancia para dos generaciones.
Pintaba y gritaba:
Luego aquel
militante barrial salía corriendo, como disparado por el viento, mientras
atrás, lo seguían varios milicos. En aquella calle de tierra quedaban manchas
de la pintura que había caído del balde mientras huía. Con el tiempo descubrí
que pasaban a ser las primeras marcas testimoniales que guardaría nuestra madre
tierra (Pachamama) de lo que luego sería una larga y dura resistencia, la
histórica lucha popular para que Perón volviera a nuestra tierra.
Muchos habían
gritado en los actos de aquella época gloriosa ¡LA VIDA POR PERÓN! Y en
aquella resistencia no pocos la dejaron. Una historia cargada de heroísmo que
jamás aparecerá en texto escolar alguno.
NOVIEMBRE DE 1972
Cuando no había “milicos” a la vista, meta entonar el eterno canto de batalla: “Los muchachos peronistas…” Y cuando estos aparecían, ¡A correr carajo!
Había que llegar a ese aeropuerto de cualquier forma.
¡Que diría el viejo, si no estaba su pueblo esperándolo!
De pronto apareció el río.
-¡Cagamos! Dije yo. El “Ruso” me contesta –No boludo, a este río lo cruzamos fácilmente. El tema son las compañeras. Hay que hacer como aquellos – me dijo mientras señalaba a otros grupos que no muy lejos de ahí, a poca distancia, fabricaban cadenas humanas para que las mujeres pudieran cruzar el Río Matanza.
Empezamos a sentir ciertos chasquidos en el agua. El “Ruso” me dice –Nos están tirando con balas de goma. Y como hermoso loco que era, empezó a cantar la marchita a todo pulmón de vuelta. Pero los balazos no paraban. Nosotros tampoco. Terminamos de cruzar el cauce y retomamos la marcha, hasta que nos dimos con un fuerte dispositivo militar sobre un costado de la Richieri, y hasta ahí llegó nuestra hazaña. Miré al cielo y le pedí a Dios que no truncara mi sueño. Eran las 10 de la mañana.
A las dos de la tarde de aquel 17 de
noviembre de 1972 seguíamos cantando pero ya de regreso. En “La Perla” del Once
estábamos compartiendo una cerveza y planeando que hacer para verlo al viejo y
sacarlo del aeropuerto donde lo tenían secuestrado. Canal Once, en ese entonces
en manos del actual dueño de “Crónica TV” era el único que repetía una y otra
vez la escena del descenso del “Viejo” del Avión, y el compañero Rucci que a su
lado trataba de protegerlo de la llovisna con un paraguas.
Mis ojos no se apartaban ni por un
segundo de la pantalla de televisión. El “Barba” de arriba, una vez más,
no me había fallado. Mi sueño había bajado del cielo. Perón estaba nuevamente
en nuestra casa; estaba de regreso en su AMADA PATRIA.
UN PAR DE AÑOS DESPUÉS
Pedro del Arrabal, mi inseparable compañero peronista, me
decía mientras aquel 2 de julio de 1974, en las inmediaciones del Congreso, y después
de la trágica partida de nuestro líder a la eternidad el día anterior, con unos
escasos termos de café acercándoles a esos argentinos para que les calme el
frio, mientras recorríamos las colas de un pueblo dolorido y lloroso que
esperaba paciente darle ese último adiós de agradecimiento a su AMADO Gral, lo
siguiente:
“Ese
fue PERÓN.
El
hombre político que era entendido, querido y respetado por toda la clase
trabajadora argentina. El único político que jamás la traicionó.
Ese fue PERÓN.
Aquel
hombre que supo reconocer que no hay mejor melodía, mejor música que la voz del
Pueblo Argentino.
Ese fue PERÓN.
El
que se llevó esa música, esa melodía en sus oídos al momento de despedirse de
su pueblo que fue su voz y su palabra.
Y ahora digo Ese es PERÓN porque
sigue vivo en mi corazón. Porque sigue vivo en el corazón de los más humildes,
de los trabajadores, de los obreros, de los jóvenes luchadores, de los jóvenes estudiantes que quieren servir a nuestra
Patria y a la Gran Patria Latinoamericana.
Seguramente esto JAMÁS
será entendido ni por la reacción oligárquica ni por el tiligangaje
antiperonista. Allá ellos; nosotros somos pueblo y sabemos que este tipo de
luchas nunca tiene fecha final… Desgraciadamente.
PREMONITORIO.
Pedro del Arrabal y Víctor Leopoldo Martínez
Revista El Emilio



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