LAS OREJAS DE LOS ONAS.

 

Por Ruben –Pancho- Lombardi

Este es un tema álgido, duro, desagradable para explicarlo. Yo voy a tratar de introducirme en él con la aclaración que me referiré a algunos aspectos puntuales que no pueden alcanzar para emitir un juicio definitivo ni mucho menos.

Pero los argentinos merecemos saber que hubieron actos no precisamente bellos que ocurrieron en nuestra evolución como sociedad.

Habíase producido la llamada “Conquista del Desierto”, casi concluyendo el siglo 19. Escenario, la Patagonia argentina. Argentina por derecho aunque no de hecho ya que no la ocupaba la nueva raza existente desde que el primer español y la primera india americana dieron a luz a Hispanoamérica o la nueva realidad indo ibérica como algunos la llamaron. Solo indígenas de diversa evolución cultural vagaban por esas estepas y valles sureños.

Precisamente en el extremo sur-sur habitaban los Onas, pueblo de cazadores nómadas de procedencia tehuelche que se alimentaban de carne de guanaco, Vivian en ranchos precarios sobre palos unidos con cueros también de guanacos y que no conocían ni por asomo el intercambio comercial. Eran felices en  su atraso.

Un dìa llega la misión de padres salesianos de Don Bosco a civilizar y evangelizar la zona. Podría decirse que los religiosos formaron parte del Ejército argentino luego de la Conquista como la cara amable de una campaña necesariamente firme.

Argentina corría serio peligro de perder toda esa zona a manos de chilenos o de europeos. Incluso por su baja densidad poblacional una posibilidad latente era que los países poderosos la transformaran en un disimulado enclave independiente. Por lo tanto la decisión de emprender la Campaña militar era justificada. Lo que se discute es la forma en que se logró y hasta qué punto se respetó  y en qué punto no, la dignidad humana de los pueblos antiguos.

A Tierra del Fuego llegan adjudicatarios de estancias encabezados por José Menéndez Behety. Y entre los salesianos se destacaba el padre Fagnano. Ambos corrieron sobre carriles paralelos con un mismo fin último pero por un trato diferente.

Había una explosión de la expansión ovina y en un momento los estancieros vieron a los onas un obstáculo para el crecimiento del ganado lanar. Entonces Menéndez Behety y Braun Menéndez (antepasado del que fuera ministro de Macri, Marquitos Peña Braun, famoso creador del mote para Luis Caputo:"El 10 de la Championg League") contrataron peones armados que salieron a campo traviesa dando muerte impiadosa a cada indio que apareciera. Las matanzas aumentaron exponencialmente. Fagnano protestó airadamente, acusó a Menéndez de Salvaje y asesino ya que tenía noticias de que no solo ocurrían asesinatos sino que robaban sus mujeres e hijos y hasta útiles de caza.

Entre los Menèndez y los Braum protagonizaron un hecho incalificable: Pagaban una libra esterlina por cada oreja de adulto y media libra por orejas de niños. Pero al ver vagando indígenas sin orejas comenzaron a cotizar las cabezas, testículos y corazones.

A los pocos años la población Selkman (también llamada Onas) había disminuido de unas 5.000 hasta menos de un millar, aunque justo debería puntualizarse  que tal descenso  se produjo debido a nuevas enfermedades como la tuberculosis.

Fueron famosos los cazadores de indios contratados por los grandes latifundistas llegados que acusaban a los naturales de robar ovejas. El principal brazo derecho de Menéndez fue su Administrador de estancias: El británico Mac Lennan apodado Chancho Colorado. Lo paradójico era que parecía convencido que a éste pueblo había que exterminarlo incluso por su propio bien, ya que en su opinión, no tenía posibilidad de progreso e integración. Paralelamente amaba a perros y caballos.

Concluyendo su paso siniestro por la zona, un día el Chancho invita a un amplio grupo Ona a un banquete. Se estrecharían los lazos amistosos y se echaría el bosquejo de un tratado. Cuando ingirieron la comida ofrecida los aborígenes  fueron sucumbiendo de a uno hasta un número de 300 aproximadamente. Los habían envenenado.

Otro personaje un poco más ambiguo fue el rumano Julio Popper, un buscador de oro. Por un lado prestó algunos servicios al Estado nacional y al chileno quienes lo gratificaron con concesiones metalíferas. Enriqueció la toponimia de toda la región surera, lo más importante fue el nombre de Mar Argentino a la costa y además proyectó afirmar la soberanía nacional en torno a Rio Grande con fundaciones de pueblos efectivos y permanentes.

Pero por otro lado Popper fue formando un ejército de croatas mientras crecía su apetito de riqueza. Ese Ejército se transformó en un  sistema paramilitar para limpiar el terreno de indios y por cuyas violentas acciones mereció ser calificado como delincuente de los peores por el padre De Agostini.

Como era hábil para construir poder llegó a tener más autoridad que los propios gobernadores y Generales y hasta creó una moneda propia. Un día encabezó una masacre de Onas y se terminó fotografiando con uno de los cadáveres.

Hasta que, mientras proyectaba nuevas explotaciones inhumanas, en junio de 1893 fue hallado muerto en un hotel porteño en circunstancias oscuras.


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